Hola, me llamo Luz Castillo, soy una chica de 15 años de un pueblo de Sevilla. Un pueblo muy agradable, pero por motivos de trabajo tuve que mudarme con mi madre y mi hermana pequeña, dejando atrás a mi amigos y familiares.
Ahora estamos en un pueblo de Galicia, un pueblo como otro cualquiera, pero este tiene algo que me atrae. Mientras llegamos a nuestra nueva casa donde comenzaremos una nueva vida, mi hermana y yo estamos imaginando como será la nueva casa y mi madre contándonos lo maravillosa que era y que allí seríamos muy felices. Desde la muerte de mi padre, mi madre no estuvo muy bien que digamos y yo tuve que encargarme de mi hermana durante un tiempo, pero ahora se la ve más feliz y eso me alegra.
Al llegar a la casa desempaquetemos todo y lo colocamos todo en su sitio. En terminar, mi madre nos hizo un agua-limón para refrescarnos.
-Bueno chicas ya esta todo, ya estamos en nuestro nuevo hogar y esperemos que salga todo bien, el trabajo, vuestros estudios… todo- dijo mi madre con un tono de cansancio.
-Mamá deberías descansar- miré a la cara de mi hermana Lucia y observé que tenía la misma cara que mi madre - bueno, deberíais iros las dos a dormir.
Ellas se fueron a descansar un rato y yo me dediqué a dar una vuelta por los alrededores de la casa, para conocer el terreno. Cerca del camino por dónde habíamos venido, estaba un bosque precioso al que podría contemplar siempre. Por suerte estamos al principio de las vacaciones de verano y puedo tener tiempo para fotografiar y dibujar los paisajes.
Estuve paseando por el sendero que conectaba mi casa de color azul cielo, con la casa de color blanca y violeta. Mientras pasaba por delante de aquella casa apareció una muchacha que debía ser de mi edad, tenía los ojos azules, el pelo negro, largo y brillante. Me acerqué a ella parar saludarla, pero se me adelantó.
-Hola, tu debes ser la que vive en la casa de color azul cielo, una casa preciosa por cierto, jejeje – rió ella – antes de que vinierais tu y tu familia, mi hermano y yo jugábamos en el patio de atrás, pero claro eso pasó cuando nos llevábamos bien. Ay, que tonta soy, me llamo Sara.
-Hola Sara – dije alegremente- yo soy Luz y bueno como ya sabes vivo en la casa de color azul cielo, jejeje.
-Bueno, Luz, encantada ¿quieres que te enseñe todo esto?- dijo.
-Vale – dije alegre de conocer a alguien tan maja como ella.
Sara me enseñó los lugares mas bonitos de Galicia, los lugares que más visitaba, me presentó a sus amigos o como ella llama, “mi panda, mis colegas”.
-Hola, ¿Qué hay panda?- dijo.
-¡Ey! Sara… ¿Quién es esa?- dijo un muchacho de ojos verdes con el pelo de punta.
-Se llama Luz, acaba de llegar al pueblo y le estaba enseñando todo esto-dijo Sara.
-Pues encantado de conocerte Luz, yo me llamo Carlos-dijo.
-Yo soy Juan pero me llaman el Luceros, ¿sabes por que?-dijo con una voz intentando darme miedo.
-Pues va a ser que no, ya que no te conozco-dije.
-Jeje, me gusta esta chica, seas bienvenida al grupo Luz-dijo Juan.
Todos los del grupo eran majos y me aceptaron en el grupo. Sara me estuvo contando la historia de los motes de algunos, como el de Juan, le llaman “El Luceros” porque por donde va, siempre es el centro de atención, ya sea como vista, sus pelos… etc. Luego estaba el de los ojos verdes con el pelo de punta, se llama Lucas pero le dicen “El magnifico”. Sara me contó que un día le retaron a Lucas a una tontería y era que bailara delante de todos los del colegio en ropa interior, él nunca había hecho una cosa igual, pero como tiene un orgullo como el de todos los tíos del mundo, lo hizo. Mientras bailaba, no se como lo hizo, nadie lo sabe, pero desapareció delante de todos y después apareció detrás de todos vestido. Todo el mundo se quedó petrificado y desde aquel día lo llamaron “El magnifico”.
Mas tarde regresé con Sara a nuestras casas y por el camino estuvimos hablando de nuestros gustos, y la verdad tenemos varias cosas en común, nos encanta la naturaleza y los seres que habitan en el.
Cuando nos íbamos cada una a su casa, mencionó sobre un tal Víctor al que le encantaba hacer fotografías a los lobos que habitaban en el bosque. Cuando Sara mencionó lo de los lobos recordé lo que pensaba de este pueblo, “hay algo que me atrae”.
En llegar a mi casa le conté a mi madre el gran día que había pasado, como conocí a Sara, a su pandilla, lo que habíamos hecho y que ahora tenía una pandilla súper maja que me había aceptado perfectamente.
Cuando llegué a este pueblo pensé que no sería lo mismo, que la gente sería muy diferente pero estaba equivocada, estas personas son muy majas y sé perfectamente que el pueblo de Galicia es un fantástico pueblo con personas maravillosas y sitios maravillosos.
Ahora este es mi lugar, pero aunque lo sea nunca olvidaré mi pueblo natal y nunca olvidaré los buenos momentos que pasé allí.
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